El Lago Encantado de Camecuaro.

Una noche llegaron a una tienda del pueblo de Camecuaro un grupo de jóvenes preguntando quien atendía el lugar, y por la ruta más cercana para llegar rápido al Lago de Camecuaro ya que eran turistas y querían acampar en ese lugar.
A lo que el tendero contestó que estaba muy cerca pero que no era recomendable ir a ese lugar en la noche; sin embargo, ignorando la advertencia dieron la vuelta y se retiraron riéndose y burlándose de las palabras del hombre. Cuando llegaron al lago, de inmediato encendieron una gran fogata y se acercaron todos para disfrutar de las cervezas y los besos de sus respectivas parejas. Con el pasar de las horas, algo les asechaba desde la oscuridad, cuando de súbito, el fuego se apagó quedando el lugar completamente en silencio y oscuridad, todos los insectos y animales dejaron de emitir sonido alguno y el viento se tornó gélido, las ramas de los árboles adquirieron figuras fantasmales.
Los muchachos sintieron un reptante escalofrío. En ese preciso momento de las profundidades del lago emergió la figura de una mujer de largos cabellos tan oscuros como la misma noche, de mirada triste como el abismo inmenso, quien con una tétrica y desgarradora voz suplicaba a los chicos para que ayudaran a su amado, pues estaba perdido en el fondo. Ellos le cuestionaron en dónde exactamente había desaparecido pero el lugar estaba lejos de la orilla y se negaron ayudarla, ocasionando que esa visión rompiera en llanto y ante eso uno de los jóvenes se decidió ayudarla, sumergiéndose en el acto en las aguas, pero al llegar al lugar la mujer le mostró su verdadero rostro, el de una terrible entidad fantasmal con las facciones descarnadas, quien tomó al chico por las piernas hundiéndolo en la negrura del manantial.
Los demás jóvenes contemplaron horrorizados lo que acababa de ocurrir. Regresaron al pueblo para pedir ayuda, pero nadie les ayudó y solamente un anciano se aproximó para advertir que no volvieran a ese lugar, pues el lago estaba embrujado, ya que décadas atrás una pareja se suicidó ahí, debido a que sus familias no autorizaban su unión ante la iglesia y Dios, es por ello, que decidieron unir su eternidad al otro lado de la realidad, el de las sombras y, desde entonces son animas en pena flotando entre la vida y la muerte. Cuentan las historias y visiones que sus almas siguen sufriendo por las noches, sin poder ver más allá que el fondo del lago quedando atrapados en el umbral de un amor no permitido.

Este cuento es autoría de la escritora y poetiza Teodola Barriga, cuenta con licenciatura en educación, actualmente jubilada, quien dedica su tiempo a las letras ya sea impartiendo cursos y escribiendo. Parte de su obra forman parte de la primera antología de poesía – Oasis de las Voces Desérticas, y la antología de cuentos – Fragmentos de lo Invisible, ambas de Roark Ediciones.
