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Archivo de la etiqueta: Poesía inédita

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Polvo

Somos polvo -le dije- nuestras humedades nos invadieron y fuimos lodo barro todo. nos resecamos y resquebrajamos rotos pedazo por pedazo nos perdimos en fisuras nos deshicimos quedamos como lo que somos: polvo.     Somos aire -le dije- ¿has escuchado la canción? -respondió- “love

Toros de Queroseno (IV)

Has escrito de tantas razones para tenderme un cajón usado y a pesar de la fatiga  empujo el insomnio que pesa tanto como las memorias Farsa glicerina y mecha el desprecio terraza apolillada de mis ojos secos presiento el temporal del fin ese caos que

Toros de Queroseno (III)

Nos observan y dicen sabernos lumbre cascada de tu sangre sobre mi huella y dicen conocernos le prenden mecha a nuestra desidia a  la conciencia fragmentada sin embargo solo nos unen las costillas de las entretelas que apenas ladran a la esfera de mi techo

Poema

A Mavi Robles-Castillo, obsesionada con la poesía Sí poema, saliste de mi mano poema, saliste de mi carne poema, fuiste las alas con las que atravesé la noche poema, te encontré en el filo de los siglos poema, no conocías el tiempo poema, fuiste figura

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Toros de Queroseno (II)

Conozco una lápida de paja que espanto a espanto enrabia mi nombre de tragedia Y todo se fuga con el duelo como llevarse flores a uno mismo de esas que no se secan pues han de venderse muertas de esas que son flamables de un

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La noche de la luz

Esta oscuridad es tan nuestra como la luz que la viola ininterrumpidamente y estos ojos de fuego y penumbra serán testigos del alarido de mujeres y hombres que claman amor paz y fe verdadera ¡tregua! tregua hermanos y hermanas ¡tregua! tregua a los discursos acaecidos

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Poemas varios
Angel Orozco

Hasta el próximo adiós (el antes del después) Una caminata nocturna y sin rumbo para olvidar lo inolvidable, para soñar despierto la alternativa, para picarse el ombligo sin culpa alguna… aquí el viento se lleva un carajo. Eduardo Madera Hay toneladas de lagañas en los

Toros de Queroseno (I)

Este barranco desierto un beso manco que busca la estampida en la esquina de tantos avisos rotos y el punzabeso desde las hojas graves del poema acribillado muerde cabisbajo al miedo del hombre que falla de nuevo antes de que clausuren las mañanas