¿Quién trabaja cuando la IA decide?
¿Quién trabaja cuando la IA decide? Es momento de reflexionar
Escritora invitada: Mariana Coli.
Para participar en Literatura Libre: Escritor Invitado.
Cuando hablamos de trabajo o proyectos, hablamos de una acción que implica aspectos importantes como el desarrollo personal, la identidad, la pertenencia, el sustento, la estabilidad y el bienestar emocional, todo esto de manera positiva. Como humanos, sentimos satisfacción al hacer algo que consideramos importante en nuestra vida.

Sin embargo, de manera negativa, esta acción también genera estrés, daños en la salud, explotación y despersonalización. A veces es cansado para una persona mantenerse trabajando en un estado así. En muchos trabajos, especialmente para quienes se desempeñan en oficinas, la computadora se ha convertido en una herramienta esencial; no obstante, su uso constante también genera cansancio mental.
Lo mismo ocurre con los estudiantes, especialmente en la universidad. Los proyectos suelen realizarse en computadora y las investigaciones, en muchos casos, son extensas y frustrantes. Yo, siendo estudiante, puedo decir que resulta realmente cansado, sobre todo cuando la información debe organizarse de manera muy precisa. Aun así, cuando termino un proyecto, me siento satisfecha por el esfuerzo, la dedicación y por saber que yo hice todo el proceso.
Entonces, esas sensaciones y sentimientos que se generan al realizar una acción para satisfacer una necesidad básica, generalmente personal, empiezan a desaparecer. Ya no se experimenta una felicidad sincera, pero tampoco se genera algo significativo. Ante esto surge una pregunta importante: ¿qué sucede cuando una herramienta de trabajo superior hace todo por nosotros? Esa herramienta es la inteligencia artificial.
Hoy vivimos una realidad bastante evidente con la llegada de la inteligencia artificial, la cual ha impactado de manera muy positiva, pero también negativa, distintos ámbitos de nuestra vida. Incluso personas de generaciones mayores, como mi padre, han comenzado a aprender a diferenciar el uso de la Inteligencia Artificial en redes sociales. Frente a este escenario, es necesario preguntarnos: ¿realmente estamos hablando lo suficiente sobre este tema?

¿Por qué deberíamos hablar de ello? Porque la moral y la ética están en juego, al igual que nuestras sensaciones y experiencias humanas. Sabemos que la función de la inteligencia artificial consiste en recibir una tarea específica, analizarla y tratar de cumplirla. Su desarrollo va más allá de una computadora o un teléfono, pero sigue dependiendo de que alguien le indique qué hacer.
Es cierto que hay ocasiones en las que no entendemos cómo realizar algo y buscamos ayuda u orientación, pero aun así hacemos nuestra parte y el trabajo sigue siendo propio. El problema surge cuando un proyecto completo, como un documento en Word sobre un tema escolar con mucha información y detalles, es realizado por completo por la inteligencia artificial. Resulta preocupante escuchar frases como: “Está muy fácil, no pasa nada, la maestra no se va a dar cuenta”, o “yo lo puedo hacer, pero no ahora”.
En esos casos, se abusa de una herramienta y ya no se aporta ni una mínima parte personal; la inteligencia artificial lo hace todo. La herramienta en sí no es mala. Incluso podría decirse que intenta asimilar ciertos comportamientos humanos, pero el problema radica en el uso que hacemos de ella. Abusamos de su desarrollo por no querer hacer algo que consideramos demasiado fácil o demasiado difícil, y en ese proceso nos perdemos las sensaciones que mencioné al inicio. Claramente, dejarle todo a una aplicación no nos beneficia.
Aquí es donde entra la reflexión sobre nuestra moral y ética. ¿Las ponemos realmente en práctica o decidimos ignorarlas por el beneficio de “ahorrar tiempo” y dedicarlo a algo que creemos mejor? Como estudiante, no mentiré al decir que he utilizado la inteligencia artificial. La he usado cuando tengo dudas, necesito una opinión, corregir un texto, buscar ideas o entender tareas que no comprendo del todo. En ese sentido, la IA puede ser una herramienta útil.

Sin embargo, también se ha convertido en un refugio para algunas personas, lo cual resulta preocupante. En el trabajo y en el estudio, somos nosotros quienes decidimos cómo usarla. Muchas veces mentimos para nuestro propio beneficio. Curiosamente, si se le pregunta a la inteligencia artificial sobre su función, suele responder de manera ética. Incluso para este escrito la he utilizado de forma reflexiva, preguntándole qué opina sobre su propia función, a lo que respondió que no busca sustituir, ni pensar por nosotros, sino acompañar, ampliar y provocar el pensamiento.
Si la inteligencia artificial cuenta con una ética en su sistema, surge una pregunta aún más importante: ¿qué pasa con la nuestra? Estamos usando esta herramienta a nuestro favor de una manera preocupante. No todas las personas la utilizan de forma incorrecta; hay quienes la emplean de manera ética y no permiten que haga todo por ellos. No obstante, es necesario reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos en nuestras acciones.
No deberíamos depender completamente de una herramienta tecnológica solo porque el proceso es difícil. La dificultad es parte de lo humano y es lo que nos hace únicos. No deberíamos abandonar la satisfacción de un buen proyecto ni las experiencias que se construyen en el proceso, solo por facilitar nuestra vida.
Para escribir, aprender y desarrollarnos, estamos nosotros mismos. Somos nuestra propia limitante, y eso es algo que ninguna inteligencia artificial debería quitarnos ni permitir que deleguemos por completo. No es malo buscar apoyo en una herramienta o recurso; lo verdaderamente negativo es dejar de querer aprender y hacer.

Me parece un tema interesante deja muy en claro el punto que quiere llegar y hacer comprender que todo lo podemos hacer nosotros y debes en cuando buscar ayuda de la inteligencia artificial pero esta en nosotros los límites que nos ponemos