Artículos con la etiqueta (tag): ensayo

» Ser escritor: oficio acadenado

[ Publicado el 20 Jun 2008 por Rafael Zamudio | Sin comentarios aún ]

Escritor: oficio divino. Cuando originalmente el hecho de escribir consistía más en copiar, transcribir y crear documentos con fines primordialmente económicos, legales y de registro, con la necesidad de mantener el mito en algo más tangible que la propia voz de los receptores/transmisores y de guardar (aquí el verbo no podría ser más adecuado) canciones en el tiempo para ser practicadas por otros eventualmente, el oficio de la escritura comenzó a florecer. Originalmente no había gran variedad de autores explícitos, la mayoría eran anónimos. Al principio, escribir sólo era un oficio de transcribir.

Hoy, sin embargo, el oficio ha adquirido tanto prestigio pues se vincula directamente con la autoría, con la creación, con el dominio de las ideas y la verbigracia. Hoy, ser escritor implica ser capaz de dominar al lenguaje, transmutarlo, tergiversarlo armoniosamente. Ser escritor, en este tiempo, quiere decir representar una voz activa dentro de la sociedad, quiere decir ser capaz de hablar sobre lo que otros no se atreven. Actualmente, ser escritor significa entender la psique humana, conocer los más recónditos espacios de la mente.

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» La persuasión en el ensayo: recurso objetivo.

[ Publicado el 16 Jun 2008 por Rafael Zamudio | Un comentario ]

Monkey Sword Fight

Hay tantos motivos para estar en desacuerdo que se vuelve imposible el conteo, el catálogo, de los mismos. No hay razón para estar de acuerdo. No hay razón por la cuál no tengamos nuestra opinión personal. No hay razón por la que nuestra palabra no sea mejor que la contraria. No hay razón para que no haya razones, pues siempre están ahí detrás de la oración; siempre están ahí, detrás de las palabras, como fondo, como banda sonora. Las razones podrán ser infinitas, pero, siempre, desde siempre, nos ha gustado estar en desacuerdo. Pero no es sólo el hecho de no concordar, de discernir, sino también —y tal vez esto cobre aún mayor importancia— la posibilidad de convencer al otro. Es dominación. Es subyugar al contrario, al otro, a los otros (otredad, diría Bajtín), por medio del discurso de poder, del monólogo, y esto es tan antiguo como el hombre mismo, y aún más; claro que “convencer” en periodos previos al hombre como nos conocemos no era un proceso diplomático, por llamarlo de algún modo, pues, ¿quién no ha visto a dos primates luchando por el control de la tribu, demostrando en una riña violenta quién es el más fuerte? Y aún lo vemos en el hombre mismo, símil, espejo.
Entonces empezamos a hablar de dominar, de subyugar, de controlar, de convencer. { Continuar leyendo » » }



» Paul Virilio - Estética de la desaparición

[ Publicado el 13 Jun 2008 por badbit | Sin comentarios aún ]

Siguiendo mi costumbre, les presento un fragmento interesante de los libros que estoy leyendo en estos momentos. Se trata del ensayo “Estética de la desaparición”, del teórico cultural francés Paul Virilio. (Traducción por Noni Benegas).

En los usos amorosos se observa un efecto pendular que ilustra bien este tipo de distensión: las sufragistas y otros grupos de emancipación de las mujeres se manifiestan, con preferencia, después de las guerras, esos grandes conflictos asesinos de hombres. Por el contrario, las épocas sentimentales y románticas se dan antes o durante las revoluciones y las guerras. La movilización militar es, ante todo, invitación al viaje, y por ello reemplaza al «transporte amoroso». El que la joven «se entregue al soldado movilizado antes de su partida porque éste quizás ha de morir» es un hecho corriente. Como si la bienamada quisiera participar, por última vez, en la elaboración del trayecto. Pero también en este caso el objetivo es el ritmo de las distancias, y el universo guerrero colocará de inmediato al hombre en el pasado de la mujer. A la inversa, «el casamiento de guerra» concertado en el último momento es, por lo general, efímero, y cuando al soldado se le ocurra la mala idea de volver indemne al presente de la esposa, se verá rechazado.

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» Grandes inicios

[ Publicado el 10 May 2008 por badbit | Sin comentarios aún ]

Dentro del Decálogo del perfecto cuentista propuesto por Horacio Quiroga, el punto cinco nos aconseja: “No empieces a escribir sin saber desde la primera línea adónde vas. En un cuento bien logrado las tres primeras palabras tienen casi la misma importancia que las tres últimas”.

Yo concuerdo especialmente con este consejo, y pienso que sobre todo la primera oración de nuestra narrativa debe enganchar de tal manera al lector que le sea imposible dejar de leer hasta el final. ¿Cómo podemos lograr esto?

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