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	<title>Literatura Libre &#187; cuento</title>
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	<description>literatura y proyectos editoriales</description>
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		<title>Mi Educación</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Nov 2009 20:40:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gabriel Valtierra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Textos inéditos]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
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Hace poco me preguntó alguien por mail que si cómo podía tener tanta confianza en mí mismo si no creía en la existencia de Dios. Le contesté que se lo debía a la educación paterna: cuando niños mi padre nos arrojaba al Río Colorado sin más, de a uno por uno y nos obligaba a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-2301 aligncenter" title="sonora_desert" src="http://www.literaturalibre.com/wp-content/uploads/2009/11/sonora_desert.jpg" alt="sonora_desert" width="500" height="375" /></p>
<p>Hace poco me preguntó alguien por <em>mail </em>que si cómo podía tener tanta confianza en mí mismo si no creía en la existencia de Dios. Le contesté que se lo debía a la educación paterna: cuando niños mi padre nos arrojaba al Río Colorado sin más, de a uno por uno y nos obligaba a cruzar de orilla a orilla amenazándonos con pistola en mano. Si a la mitad del río mi padre descubría que comenzábamos a ahogarnos, nos gritaba: ¡No se raje! ¡No se raje, cabrón! ¡Dele duro, hijo de su <em>pinchi </em>madre! ¡Dele duro, puto! Mientras mi madre lo acompañaba apretada del brazo y le miraba de forma <em>sui generis</em>.</p>
<p>Varias veces el río me atrapó en sus profundidades obscuras, pero siempre logré superar exitosamente el peligro pues me motivaba la pécora voluptuosa que mi padre había colocado en la otra margen del río para recibirme con una cesta de burritos de machaca con carne de Caborca, frijoles  refritos con manteca y un vaso grande y frío de cerveza. Nunca supe la razón de este entrenamiento o formación, el sentido lo encontré hasta los veintisiete años: de esta experiencia mi padre mataba cuatro pájaros de una pedrada: aprendíamos que podíamos confiar en nosotros mismos; que Dios no existía (pues por más fe que tuviésemos en él en ese entonces nunca bajó a ayudarnos); que a los padres se les debía dejar atrás; y que si luchábamos con coraje, al final de todo nos esperaba una gran recompensa: un guiso delicioso y un coño suculento. De esta manera mi padre me convirtió en un hombre fuerte y obstinado que sabe que no hay de otra más que luchar con furia y desesperación hasta el final por lo que uno quiere pues de otra manera lo único que hacemos es quedarnos braceando como pendejos en el camino. <em>If you’re going to try, go all the way</em>, diría Bukowski.</p>
<p>En el trayecto de este aprendizaje a mi padre se le ahogaron como cuatro hijos. Pero él me explicó más tarde que esto, aunque doloroso, era absolutamente necesario: se morían los que no eran aptos para la vida y permanecían los que la merecían de verdad. Recuerdo que afirmaba: “La vida no te pone pruebas que no puedas superar”. Y tenía razón. Por supuesto que antes de lanzarnos al río nos entrenaba para nadar, porque nos explicaba que tan irresponsable era lanzar a los hijos sin preparación al río, como no aventarlos nunca, esto es algo que nunca olvidé y que se lo daré a mis hijos como toda lección en el caso imposible de conocer a una mujer con dignidad.</p>
<p>Antes de eso, mi padre nos mandó construir un cuadrilátero para lucha libre detrás de uno de sus comercios y contrató para nosotros, como maestros privados, al <em>Baby Love</em> y al Satánico. Esto era un verdadero privilegio, me sentía Richie Rich en aquella época. Entonces, aquél cuadrilátero se llenaba de primos y comenzábamos a partirnos en la madre unos a otros. Perdí muchos de estos encuentros ante el Gordo (+), un primo con un talento nato para las luchas, con él supe muchas veces de la angustia que se siente al ser estrangulado. Una vez que me levantaba todo colorado y sudado y bajaba del <em>ring</em>, mi padre me preguntaba siempre lo mismo: “¿Perdiste?” Y yo le contestaba: “Sí”. Entonces me daba un soplamocos: ¡PAF! Y me preguntaba de nuevo: “¿Perdiste? Se lo estoy preguntando a la parte profunda de tu ser, hijo, ¿perdiste?” De pronto la luz se abría en mi mente y yo le decía: “Pues perdí el combate, pero como me subí al <em>ring</em> y luché con muchas ganas, en el nivel profundo de mi experiencia del ser, no perdí, no perdí absolutamente nada, papá. No fui culón, no fui cobarde”. Mi padre se alegraba enseguida con esta respuesta y me llevaba al Latino Bar, donde me dejaban que les tocara las piernas a las pelanduscas.</p>
<p>Desgraciadamente la vida me enseñó a los veintidós años otra lección: que muchos estaban jugando con otras reglas. Con tanto hijo de riquillo, de narco, de político y burócrata acomodado en el sistema para sobrevivir, teníamos a parásitos que no se habían hecho dignos de la vida, y con un orgullo tan inflado que ni los que luchábamos por las cosas disfrutábamos. No eran dignos ni del aire que respiraban y sin embargo ahí estaban, cobrando enormes sumas en el aparato de gobierno y en las universidades, entronizados en las gubernaturas y en la presidencia de la república, cenando platillos lujosos y lamiendo las mejores <em>pussys </em>o chupando las mejores pichas. Este era mi país y me dolía descubrirlo.</p>
<p>Así que fui con mi padre y me quejé. Yo estaba en crisis. Entonces mi padre me dijo “ponte tu sombrero y tus botas, vamos a ir a ver al Cholo”. Un comentario de mi padre era una orden y no le discutí. Me llevó rumbo a la salida de San Luis Río Colorado y comenzamos a caminar bajo el sol inclemente con destino al Pinacate, donde nos esperaba El Cholo. Moribundos, rentamos un par de perros para cabalgarlos en un paradero pues no nos alcanzaba para caballos, y le dije a mi padre: “¿Nos vamos a ir en perro?” Él me contestó con otra lección: “Ya sea en perro, en caballo, en avión o arriba de una garrapata, lo importante es llegar a tu destino”. Desde entonces no me importa andar en taxi y cuando una mujer me pide carro para quererme, sólo pienso que se trata de una mesalina más de las que tratan de rescatar los comerciales de “<em>Soy enfermera, soy mujer y soy mexicana</em>”.</p>
<p>Llegamos al cráter más alto y les pegamos un tiro en la cabeza a los perros pues habían reventado. Comenzamos a escalar y al final encontramos al cholo debajo de un tejaban a la orilla del agujero fumando marihuana. El cholo se dirigió entonces a mi padre y le dijo:</p>
<p>—¿Traes cigarros? Mi padre le contestó:</p>
<p>—¡En el culo te lo embarro, tiro mecos sin catarro, no te doy cigarros porque no traigo!</p>
<p>—¡Ja, ja, ja! —el Cholo comenzó a reír—. Pasen, pasen, pásenle a la sombrita, los estaba esperando —dijo.</p>
<p>Nos sentamos en cuclillas y mi padre le dijo al Cholo:</p>
<p>—Mi hijo quiere preguntarte algo.</p>
<p>—Simón —dijo el Cholo —ya lo sé, y esta es la neta del planeta: esos <em>batos </em>no tienen verdadera confianza en sí mismos carnal, lo que gozan de orgullo es pura pinche <em>fantasy</em>, quítales la lana, el carro, el puesto y a los putos <em>guaruras </em>y se les caí el cantón. A ti te avientan en la selva <em>bichi </em>y te pelan la piricueta. Ahora regresa a tu pueblo y déjate caer la greña con un artículo y dáselo a Melgoza para lo publique en la <em>Contra</em>&#8230;</p>
<p>Tuve en ese momento una epifanía y recobré el amor propio, porque era digno de él. Comenzamos a descender la cuesta mi padre y yo, cuando oí de nuevo la voz del Cholo:</p>
<p>—¡Carnal!</p>
<p>—Dime mi Cholo.</p>
<p>—Mi cholo.</p>
<p>—¡No mames! ¡El consejo que me ibas a dar!</p>
<p>—¡Ah, sí! Nunca te vuelvas a comparar con mariquitas sin calzones que piden mochadas cuando tienen un puesto. Tú vales mucho y mereces respeto, ¡cuídate a ti mismo!</p>
<p>—Lo haré mi cholo, lo haré.</p>
<p>—Y otra cosa.</p>
<p>—Qué&#8230;</p>
<p>—Nunca olvides que eres hijo de Sonora, no traiciones tu herencia como esos soplapollas. Recuerda que no eres de Baja California ni de Sinaloa ni de la Ciudad de México ni de Jalisco ni de ningún estado patito con el juego de ventajosos y sometidos. Tú eres hijo de la cultura del esfuerzo y sabes meterle el hombro a tus hermanos.</p>
<p>Que nunca se te olvide esto. Y cuando bajé la cuesta pedregosa, desde lejos le encontré al Cholo, cierto parecido con Luis Donaldo Colosio.</p>
<blockquote><p>ADVERTENCIA: Presenta trazas de ficción y/o de cacahuate. No se la tome literalmente. El regionalismo y el colosismo son una figura retórica: el sarcasmo. [Sábado 19 de septiembre—sábado 3 de octubre de 2009].</p></blockquote>
<div class="photoinfo">foto: <strong><a href="http://www.flickr.com/photos/igboo/3374051239/" target="_blank">Twilight in the Sonora Desert</a></strong> de <a title="Link to .Larry Page's photostream" rel="dc:creator cc:attributionURL" href="http://www.flickr.com/photos/igboo/"><strong>.Larry Page</strong></a></div>

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		<title>La emotividad de Clara</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jun 2009 08:16:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nylsa Martínez Morón</dc:creator>
				<category><![CDATA[Textos inéditos]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
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		<description><![CDATA[1. El encuentro
Clara hoy no quiere platicar, tiene como suelen decir, el pico cáido. Lo más probable es que no haya descansado suficiente en la noche y muy a fuerzas tenga que sacar la jornada de trabajo. Dicen que lo peor para un ave es dejar de beber agua, se deshidrata y como es el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>1. El encuentro</p>
<p>Clara hoy no quiere platicar, tiene como suelen decir, <em>el pico cáido</em>. Lo más probable es que no haya descansado suficiente en la noche y muy a fuerzas tenga que sacar la jornada de trabajo. Dicen que lo peor para un ave es dejar de beber agua, se deshidrata y como es el caso de las gallinas, inmediatamente dejan de poner huevo. Muy en el fondo han de pensar: “A la chingada con su necesidad de que yo ponga”. Seguro es que jamás me dirá si está sedienta o simplemente  es falta de humor. Así es ella.</p>
<p>            La conocí en los primeros días de trabajo, me llamó la atención ver a un ave escuchando música en su walkman,  de inicio porque no es lo más normal del mundo que tengan esa clase de iniciativas y luego porque hay que recordar que desde inicios de los 90´s, el walkman fue remplazado por otras tecnologías  como los discmans,   hasta llegar a los ipods de nuestros días.</p>
<p>            Debió ser lo que tuvo más a la mano, así que ahí estaba muy movida escuchando: <em>Bonita finca de adobe</em> de Ramón Ayala y sus Bravos del Norte. Me pareció un acto predecible que se deleitara en tales gustos musicales,  mover sus  patas con un ritmo tan hecho a una granja. Hubiera esperado en Clara un gusto más “alternativo”,  era bastante retador el hecho de traer un  walkman, que de seleccionar un ritmo como el  Heavy Metal o Rock Progresivo, la habría convertido inmediatamente en un personaje de cuento.</p>
<p>            Me advirtieron de la dificultad para comunicarse con las aves de corral y me preocupé, por fortuna Clara y su habilidad nata para la interpretación, me ha ayudado a  con las otras de manera que mis mensajes hasta el día de hoy, han llegado claramente (y no porque se llame Clara). </p>
<p>            Como menciono, hoy se ha mantenido distante, muy evasiva. He intentado hacerle conversación, que me diga qué es lo que la tiene tan molesta. Imaginé que podían ser las últimas noticias en la TV,  o que se acercan tiempos electorales y  más que llenarse de esperanza, se aterroriza pensando si puede empeorar su situación. Le he dicho que todo está bien, no creo que tenga un destino diferente al que conoce, pero ella ha configurado en su mente, algo que se suma a la muerte o el cautiverio decretado. Le he propuesto tomarse unos días de descanso, me ha prometido que lo pensará. La dejo sabiendo de antemano que es inútil combatir su muina, esperemos que mejore pronto.</p>

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		<title>La princesa del viento</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Mar 2009 21:32:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Gutiérrez Esturillo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Textos inéditos]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[narrativa]]></category>

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		<description><![CDATA[Sombría y desierta, quizás algo misteriosa; quien podría pensar que esa era  la misma calle por la que transita tanta gente a horas no tan tempranas.
Hacía frío, era uno de esos días en los que puedes disimular el sueño con cualquier caricia de aire, siempre gélido. La estación estaba un poco alejada de mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sombría y desierta, quizás algo misteriosa; quien podría pensar que esa era  la misma calle por la que transita tanta gente a horas no tan tempranas.<br />
Hacía frío, era uno de esos días en los que puedes disimular el sueño con cualquier caricia de aire, siempre gélido. La estación estaba un poco alejada de mi casa, y aunque podía haber cogido el autobús para mi viaje sin rumbo, preferí ir en tren. Los trenes me llaman mucho la atención, no sé si es porque me recuerdan a mi infancia, cuando mi padre venía del trabajo con su mono de RENFE impregnado en un suave olor a grasa, a trabajo de buen jornalero, pero el caso es que me encanta usar este transporte, ver paisajes, el sonido chirriante de las vías, el semblante de los viajeros, tan pasivo y profundo, sin ningún estrés como en cualquier otro transporte público.<br />
Subí al vagón como de costumbre, y como de costumbre, saludé al revisor y busqué mi asiento mientras meditaba como iría el día, si tendría algo de especial. 	Recuerdo que estaba bastante lleno, quizás porque era viernes, quizás porque había más gente que pensara como yo, con lo que tuve que sentarme al final. La calefacción adormecía mi necesidad por saborear el día y, poco a poco, se me iban cerrando los ojos; las puertas del tren se cerraron, el paisaje comenzó lentamente a moverse casi por voluntad propia, y aunque el arranque de los motores era ensordecedor, no conseguía asustar mi cansancio. Apoyé mi cabeza en la ventana, para poder notar las pequeñas vibraciones de tan solemne máquina, que junto con el vaivén del vagón, completaba el ambiente casi hogareño que a cualquier persona le gustaría encontrar a esas horas; y fuera… si, la vieja estación de tren se escondía entre las grandes montañas sureñas, y las montañas entre otras montañas, y los caminos y los pueblos entre grandes valles, y toda la inmensa acuarela que se dibujaba en el cristal, se escondía de vez en cuando en la oscuridad de los túneles, que despertaban tenues reflejos de las luces interiores, para que los pasajeros pudiésemos contemplar el rostro de las demás personas del vagón, sin la necesidad de tener que mirarlos directamente.<br />
<span id="more-1539"></span><br />
Volvió la luz, volvió el paisaje, volvió el forcejeo de mis párpados por disfrutar un segundo más del cielo ya rojizo, otro túnel… y la vi. Sólo fueron unos segundos en la oscuridad, pero un ángel iluminó mi corazón por completo. Fue el reflejo de una dama, justo en el asiento de enfrente, el que arrancó mi fatiga y despertó mis sentidos. 	Con la claridad volví a perder su reflejo. No me atrevía a dejar de mirar a la ventana y mirar hacia delante, ella podía haberse percatado de cómo la observé en el cristal, o peor aun, quizás ella no existía; quizás era mi imaginación, pues un rostro tan hermoso como ese es más propio de un delirio que de este mundo imperfecto. Aunque volvía a entrarme sueño, no quería quedarme dormido; giré la cabeza con temor, y conseguí ver parte de su cuerpo. Piel morena, suave, bajo un vestido blanco; no fui capaz de mirarle la cara. Con vergüenza mis ojos se tornaron de nuevo a la ventana, y para mi suerte el tren volvió a otro túnel.<br />
De nuevo, ahí estaba: Unos ojos penetrantes me miraban con descaro,  unos ojos tan profundos y negros que ni siquiera el reflejo era capaz de eliminar su intensidad. 	Profundos, dulces. Sonreía. Con una mueca infantil y juguetona me retaba a mantener su mirada.</p>
<p>La quise, desde el primer momento.</p>
<p>El reflejo volvió a perderse en el infinito, y sin pensarlo la miré directamente. El balanceo del tren, el incómodo vaivén de la luz en una bombilla cercana, el revisor, los pasajeros, mis problemas, todo desapareció para mí, todo menos ella. Aunque sus ardientes labios permanecían sellados, su semblante me hablaba dulcemente. Me reconoció, como yo la reconocí.<br />
Sin ni siquiera haber hablado, nos dimos cuenta de cómo nos compenetrábamos;  el estigma de Caín adornaba nuestros pensamientos, convirtiéndonos en íntimos reclusos de este mundo imperfecto, donde veíamos como los demás eran presos de su destino, de la tibia felicidad que sienten al cerrar los ojos para no mirar hacia si mismos, pero nosotros… ahora mi destino estaba sentado delante de mí, esperando mis caricias, y con su presencia, mis alas cobraban tanta fuerza que el mundo se volvía minúsculo al mirar bajo mis pies.<br />
Si, desde el primer momento supe que ella era mi destino, mi condena, mi libertad. Aquí empezó todo.</p>
<p>Cogí su mano fuertemente, y aunque aún no habíamos hablado, nuestros labios ya eran compañeros.<br />
Sobraron las palabras, nos besamos.<br />
En el tercer vagón de un tren cualquiera, en una ciudad cualquiera de un país cualquiera, dos personas cualquiera rozaban el paraíso con la punta de sus dedos, convirtiéndose en dioses. Fueron sólo unos segundos, pero fue tan intenso que aún hoy, años después, no dejo de sentirlo. Despegó sus labios de miel y mientras yo recuperaba el sentido dijo:<br />
- mi vida.</p>

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		<title>VII Concurso Internacional de Cuento Ecológico “Ciudad de Pupiales”, 2009</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Feb 2009 23:43:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Perezchica</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros y autores]]></category>
		<category><![CDATA[convocatorias]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[ecología]]></category>

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		<description><![CDATA[La Fundación Gabriel García Márquez en concertación con el Ministerio de Cultura de Colombia y con apoyo de la Alcaldía Municipal de Pupiales, convoca el
VII CONCURSO INTERNACIONAL DE CUENTO ECOLÓGICO “CIUDAD DE PUPIALES”, 2009
BASES DEL CONCURSO
1.      Pueden participar los escritores colombianos o extranjeros, independiente de su edad, con excepción de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La Fundación Gabriel García Márquez</strong> en concertación con el <strong>Ministerio de Cultura de Colombia</strong> y con apoyo de la <strong>Alcaldía Municipal de Pupiales</strong>, convoca el</p>
<h3 style="text-align: center;">VII CONCURSO INTERNACIONAL DE CUENTO ECOLÓGICO “CIUDAD DE PUPIALES”, 2009</h3>
<p><strong>BASES DEL CONCURSO</strong><br />
1.      Pueden participar los escritores colombianos o extranjeros, independiente de su edad, con excepción de los ganadores y finalistas de la edición anterior, con un solo cuento escrito en lengua española, máximo 10 páginas, tamaño carta, doble espacio, utilizando fuente de 12 puntos.<br />
2.      <strong>Tema ecológico</strong>. Los cuentos con temática distinta no serán tenidos en cuenta por parte del Jurado Calificador.<br />
3.      Se establece un premio de DOS MIL DÓLARES, para el primer puesto; la Medalla al Mérito “Gabriel García Márquez”, para el segundo puesto; la Medalla al Mérito “Guillermo Edmundo Chaves”, para el mejor escritor de Nariño y la Medalla al Mérito “Manuel Zapata Olivella”, para el cuento escrito por un menor de 18 años. Seis trabajos más serán seleccionados como finalistas.<br />
<span id="more-1470"></span> 4.      Las obras deben ser <strong>remitidas mediante correo electrónico a la siguiente dirección: adriana.salazar3@gmail.com, antes del 14 de Agosto de 2009</strong>, fecha en la cual se cierra la convocatoria.<br />
5.      Al final del cuento que se remitirá como: “Participación cuento ecológico”, deben figurar el nombre del autor, nacionalidad, número de documento de identidad, fecha y lugar de nacimiento, teléfono, dirección actual, E-mail y datos de interés literario que el escritor considere convenientes.<br />
6.      El jurado calificador queda integrado por el escritor español Miguel Paz Cabanas y los escritores colombianos Evelio Rosero Diago, Albeiro Arciniegas y Milciades Arévalo.<br />
7.      El veredicto, que tiene un carácter inapelable, se conocerá el día 14 de Noviembre de 2009, en ceremonia especial que tendrá lugar en Pupiales, Departamento de Nariño. Dicho resultado será comunicado personalmente a los escritores galardonados y se publicará en internet.<br />
8.      Los cuentos galardonados y finalistas, al igual que el veredicto, se publicarán en la página www.albeiroarciniegas.com, con el fin de que cuenten con una amplia difusión en Colombia y el exterior.<br />
9.      La participación en el concurso es una manifestación expresa de aceptación de los diferentes puntos que rigen la convocatoria.<br />
10.      La organización no mantiene correspondencia con los escritores participantes. El premio no será declarado desierto.</p>
<p style="text-align: right;"><strong> MAYOR INFORMACIÓN</strong><br />
Adriana Salazar Chaves<br />
Coordinación General<br />
Celulares: 321 620 6627 – 317 593 0049<br />
E-mail: adriana.salazar3@gmail.com<br />
Web: www.albeiroarciniegas.com<br />
Fundación Gabriel García Márquez<br />
Calle 6 No. 2-77<br />
Pupiales, Nariño, Colombia</p>

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		<title>VIII Concurso Nacional de Cuento “Juan José Arreola”</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Jan 2009 00:45:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Perezchica</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros y autores]]></category>
		<category><![CDATA[concursos]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Juan José Arreola]]></category>

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		<description><![CDATA[Tal como hace un año les invitábamos a participar en el Concurso de cuento que hace honor a Juan José Arreola, hoy, nuevamente, les comunicamos la convocatoria para la VIII emisión de este evento que organiza la Coordinación de cultura de la Universidad de Guadalajara. Para conocer las bases a detalle, favor de dar click [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_1438" class="wp-caption alignright" style="width: 205px"><a href="http://www.literaturalibre.com/wp-content/uploads/2009/01/arreola-convocatoria.jpg"><img class="size-medium wp-image-1438" title="arreola-convocatoria" src="http://www.literaturalibre.com/wp-content/uploads/2009/01/arreola-convocatoria-195x300.jpg" alt="Convocatoria VIII Concurso Nacional de Cuento &quot;Juan José Arreola&quot;" width="195" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Convocatoria VIII Concurso Nacional de Cuento &quot;Juan José Arreola&quot;</p></div>
<p>Tal como <a title="Concurso Cuento Arreola" href="http://www.literaturalibre.com/2008/01/13/concurso-cuento-arreola/" target="_blank">hace un año</a> les invitábamos a participar en el Concurso de cuento que hace honor a <strong>Juan José Arreola</strong>, hoy, nuevamente, les comunicamos la convocatoria para la VIII emisión de este evento que organiza la <a title="Cultura UDG" href="http://www.cultura.udg.mx/" target="_blank">Coordinación de cultura de la Universidad de Guadalajara</a>. Para conocer las bases a detalle, favor de dar click en la imágen a la derecha. <strong></strong> <strong>Anímense a participar.</strong> Me permito repetir lo que mencionaba hace algunos meses sobre la edición anterior:</p>
<blockquote><p>Más allá de los <span style="text-decoration: line-through;"><span style="color: #999999;">$ 50,000 pesos</span></span> <strong>$ 75,000 pesos</strong> en efectivo y un <strong>diploma</strong>, así como la <strong>publicación del libro</strong> por la Universidad de Guadalajara [...] (cuestiones comunes en este tipo de convocatorias), el hecho de que la presentación se de en el marco de la <strong>XXIII Feria Internacional del Libro, en Guadalajara</strong>, una de las más importantes en hispanoamérica, resulta para el ganador un escaparate inigualable de promoción de la obra.</p></blockquote>

	<a href="http://www.literaturalibre.com/tag/cuento/" title="cuento" rel="tag">cuento</a>, <a href="http://www.literaturalibre.com/tag/juan-jose-arreola/" title="Juan José Arreola" rel="tag">Juan José Arreola</a>, <a href="http://www.literaturalibre.com/tag/concursos/" title="concursos" rel="tag">concursos</a><br />

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		<title>para estas fechas</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Jan 2009 22:43:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>monchie horror</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros y autores]]></category>
		<category><![CDATA[autores]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Haruki Murakami]]></category>
		<category><![CDATA[historia]]></category>
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		<description><![CDATA[Este cuento de Haruki Murakami me recuerda algunos dias de abril del 2004, espero les guste. El cuento fue tomado del blog  http://edilbertoaldan.blogspot.com, ya que no se tiene aun una traduccion editada al español. Por cierto hay una controversia en torno a la figura de Murakami, algunos lo consideran sobrevalorado y otros un genio absoluto, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este cuento de Haruki Murakami me recuerda algunos dias de abril del 2004, espero les guste. El cuento fue tomado del blog  <a href="http://edilbertoaldan.blogspot.com" target="_blank">http://edilbertoaldan.blogspot.com</a>, ya que no se tiene aun una traduccion editada al español. Por cierto hay una controversia en torno a la figura de Murakami, algunos lo consideran sobrevalorado y otros un genio absoluto, nominado cada año al Nobel, Best-Seller internacional, uno de los mas reconocidos autores contemporaneos, para mi uno de los imprescindibles de la literatura actual.</p>
<p><strong><span style="100%;"><span style="trebuchet ms;"><span style="130%;"><a href="http://edilbertoaldan.blogspot.com/2007/06/un-cuento-de-haruki-murakami-sobre.html" target="_blank">Sobre encontrarse a la chica 100% perfecta una bella mañana de abril</a></span></span></span></strong></p>

	<a href="http://www.literaturalibre.com/tag/cuento/" title="cuento" rel="tag">cuento</a>, <a href="http://www.literaturalibre.com/tag/haruki-murakami/" title="Haruki Murakami" rel="tag">Haruki Murakami</a>, <a href="http://www.literaturalibre.com/tag/literatura/" title="literatura" rel="tag">literatura</a>, <a href="http://www.literaturalibre.com/tag/historia/" title="historia" rel="tag">historia</a>, <a href="http://www.literaturalibre.com/tag/sociedad/" title="sociedad" rel="tag">sociedad</a><br />

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		<title>Sonrisa de Naranja Amarga</title>
		<link>http://www.literaturalibre.com/2008/12/07/sonrisa-de-naranja-amarga/</link>
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		<pubDate>Mon, 08 Dec 2008 06:34:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Felisa Moreno Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Textos inéditos]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>

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		<description><![CDATA[antes publicado en El sueño de las palabras

2º Premio Certamen Mujeres Creadoras del Ayuntamiento de Baena. Año 2007.

Miró por la  ventana, los desnudos árboles decían adiós a un otoño cada vez mas  vencido por las garras del invierno. Esperaba como cada día la visita  de Eugenia, aún faltaba media hora pero le [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="referenciar">antes publicado en <a href="http://felisamorenoortega.blogspot.com/2008/08/2-premio-certamen-mujeres-creadoras-del.html" target="_blank"><strong>El sueño de las palabras</strong></a></div>
<blockquote>
<p class="post-title entry-title">2º Premio Certamen Mujeres Creadoras del Ayuntamiento de Baena. Año 2007.</p>
</blockquote>
<p align="justify">Miró por la  ventana, los desnudos árboles decían adiós a un otoño cada vez mas  vencido por las garras del invierno. Esperaba como cada día la visita  de Eugenia, aún faltaba media hora pero le gustaba verla llegar desde  la ventana. Siempre afanada, corriendo, despeinada, tan desastrada.</p>
<p align="justify">Eugenia tenía  unos brazos cortos pero fuertes, capaces de moverlo de la silla a la  cama sin necesidad de ayuda. Claro que el cuerpo de Genaro era ligero  como almohada de plumas, los largos años de enfermedad le habían dejado  postrado en la cama y se habían llevado mas de veinte kilos de su enclenque  cuerpo. Al principio depender de alguien para sus quehaceres más básicos  le enervaba, la vergüenza le embargaba cada vez que lo llevaban al  baño o le limpiaban sus excrementos.</p>
<p align="justify">Todo cambió  cuando le asignaron a Eugenia, aquella mujer de cara colorada, bruta  como ella sola y buena como el pan de pueblo. Desde el primer día hacía  su trabajo con tanta dedicación como indiferencia, parecía no sentir  nada, ni asco, ni pena. Realizaba sus tareas de una forme tan aséptica  y metódica, que Genaro dejó de sentirse un pobre inválido para pasar  a ser el objetivo profesional  de Eugenia.</p>
<p align="justify">Las sonrisas  abiertas de la mujer se alternaban con momentos de melancolía que Genaro  no alcanzaba a explicarse, hasta que un mañana, precisamente un lunes,   Eugenia llegó con un ojo morado, malamente disimulado por un parche  de maquillaje barato. El anciano no preguntó y ella solo dijo, la maldita  puerta del armario. Aquel día apenas cruzaron palabras, pero el hombre  pudo observar que sus movimientos eran más lentos, como si le pesara  el alma.</p>
<p align="justify">Desde aquel  momento la miró con otros ojos, se detuvo en cada una de sus cicatrices,  tenía varias en el rostro, aquel rostro rojizo que parecía dibujado  a compás tal era su redondez, esos ojos inmensos, negros como una noche  sin estrellas, nariz chata y boca pequeña, encogida, surcada de finas  arrugas. ¿Cuántos años tendría?, más de una vez estuvo tentado  de preguntárselo, pero temía la respuesta. Treinta y cinco. Lo dijo  un día, mientras fregaba el suelo de la cocina, treinta y cinco años  y cinco hijos. No esta mal, dijo con sonrisa de naranja amarga.</p>
<p><span id="more-1260"></span>-    Se acerca el invierno-    dijo Genaro iniciando una conversación que se hacia de rogar, era lunes    y Eugenia volvía a tener moratones.<br />
-    Maldito sea el invierno-    masculló la mujer con odio lejano.<br />
-    ¿No te gusta?<br />
-    Nada, hace frío,    llueve, el tráfico se complica. Las lavadoras no se secan, los niños    enferman, ¿quiere que siga?<br />
-    No, no por favor-    exclamó Genaro con una amplia sonrisa, había logrado sacar a Eugenia    de su ensimismamiento- pero el invierno también tiene cosas buenas,    las navidades, el año nuevo. Un año nuevo es siempre una caja de sorpresas,    dispuesta a ser abierta.<br />
-    Mis años son todos    iguales, al menos desde que me casé y me puse a parir como  una    coneja- había amargura en su voz, aunque lo dijo entre sonoras carcajadas.<br />
-    Sabes un día te    contare una historia muy graciosa que oí en uno de los pueblos en los    que estuve como maestro. Va de hijos también.<br />
-    Cuéntemela hoy    Don Genaro, que me vendrá bien reírme un poco, sus historias me entretienen    tanto.</p>
<ul>
<p align="justify">
</ul>
<p align="justify">El anciano  inició el relato:</p>
<p align="justify">“Hace muchos  años en el pueblo en cuestión vivía un matrimonio que no podía tener  hijos. Todos los inviernos desde que se casaron, en la noche de Nochevieja  el marido, arriero de profesión y la mujer, que ejercía de matrona,  ironías del destino, pedían a Dios con gran fervor que la primavera  les trajera el anuncio de un hijo. Pero los años pasaban y el cuerpo  de la matrona permanecía seco y enjuto como vara de olivo”.</p>
<p align="justify">Genaro tomó  un poco de agua, Eugenia le miraba atentamente, esperando el relato,  mientras limaba sus uñas, después cortaría las de los pies. No es  que disfrutara con su trabajo, al principio lo odiaba, pero desde que  conoció a don Genaro la tarea le era más grata. Tan amable y considerado,  se notaba que era un hombre con cultura, no como su marido, aquel ser  sin alma, borracho empedernido,  que le hacía la vida imposible.</p>
<p align="justify">“Los vecinos  comentaban que Serafina, así se llamaba la mujer, estaba seca, pero  ella veía a sus tres hermanas todas casadas y con niños sanos y hermosos,  la que menos tenía tres, y se preguntaba si realmente sería ella la  culpable. Sus pocos conocimientos de medicina, adquiridos de su madre,  matrona también y de algunos libros que había podido conseguir, le  indicaban que no siempre la mujer era la responsable, que en muchas  ocasiones era el hombre. Así se lo hizo saber a su marido, pero Paco  montó en cólera y estuvo más de una semana sin hablarle. Cómo osaba  dudar de su hombría. Serafina, herida en su orgullo, tramó un plan  para dar un escarmiento a su marido y de paso cumplir su ansiado deseo  de ser madre”</p>
<p align="justify">-    Don Genaro me tengo    que ir, mire que hora es ya, llegarán los niños del colegio y anoche    no preparé la comida, pero quiero que mañana siga con su historia,    estoy en ascuas.</p>
<p align="justify">-    Anda vete ya, mañana    seguiremos- dijo el anciano riendo- y no me llames don Genaro, te lo    he dicho mil veces.</p>
<p align="justify">Genaro no sabía  que hacer, Eugenia era una mujer maltratada, eso no le cabía duda,   muchos eran los signos que lo evidenciaban. Quizás debería hablar  con la trabajadora social que se la había recomendado, pero ¿serviría  de algo?. Ella lo negaría, igual que se lo negaba a él con su silencio.  ¿Y si se enfadaba y la perdía? El ya no podría vivir sin Eugenia,  no podría soportar tener que enseñar su viejo culo a otra jovencita  con mascarilla o dejar sus pellejos al aire delante de la mirada compadecida  de alguna beata revenida. Así que callaba, aunque cada lunes se le  rompiera el alma al ver los oscuros cardenales en sus brazos, en sus  piernas o en su cara. Apretaba los puños y callaba. Después trataba  de arrancarle una sonrisa contándole alguna de  las historias  que había atesorado durante sus años de maestro de pueblo.</p>
<p align="justify">Llegó el martes,  tras una noche lluviosa que había dejado plagada de charcos toda la  ciudad, pero Eugenia no se quejó. Volvía a estar seria, envuelta en  un halo de tristeza, dejó el impermeable en la percha y se dirigió  a la cocina sin apenas decir palabra. Genaro, preocupado, la siguió  manejando con agilidad la silla de ruedas. La observó mientras dejaba  la compra sobre el mármol de la encimera. Si la miras bien, pensó,  no es fea. Cuando sonríe una luz ilumina su cara y llena de vida sus  ojos de carbón. Seguramente alguna vez fue bella, antes de que los  kilos de más se llevaran la curva de la cintura y rellenaran el óvalo  de su cara. Antes de que el arado de la tristeza trazara surcos indelebles  en  su rostro.</p>
<p align="justify">“Con el invierno  llegó la Pascua y el Año Nuevo, como los anteriores el matrimonio  se preparó para pedir la dicha de un hijo, pero Serafina, que ya tenía  bien atados los cabos de su plan. Le dijo a su marido que durante muchos  años el Señor no había atendido sus súplicas y que en esta ocasión  se lo pedirían al Diablo. Paco intentó resistirse, era hombre temeroso  de Dios, pero sucumbió ante las lágrimas de su mujer y acabó aceptando.</p>
<p align="justify">Esta vez la  primavera si les trajo el anuncio de una vida nueva, el plano vientre  de la matrona fue perdiendo su recta línea, sus caderas ensanchando  y el pecho rebosaba por el escote. No cabía lugar a dudas, estaba embarazada.  A finales de septiembre, nació un hermoso niño con el cabello color  zanahoria. Pero ni el extraño color del pelo enturbió la alegría  del arriero, que por aquel entonces ni siquiera recordaba  la pasada  Nochevieja en  que hizo su petición al Diablo.”</p>
<p align="justify">La historia  logró captar la atención de Eugenia y borrar por un momento su expresión  de tristeza, Genaro se sintió feliz, pero ¿por qué tenía tantos  remordimientos, de donde habían salido aquellos gusanos de culpa que  lo devoraban por dentro?. El no podía hacer nada más. ¿No podía?</p>
<p>-     Para entender lo    que viene, tienes que ponerte en situación Eugenia, estamos hablando    de hace mas de setenta años, la gente era muy inculta y muy crédula.    Las apariciones de los difuntos, demonios o santos estaban a la orden    del día y todos daban por hecho que eran ciertas.<br />
-    No creo que haya    cambiado tanto la cosa, rió Eugenia, mucha gente sigue siendo así    y si no que se lo pregunten a los adivinos de la tele, que se están    forrando.<br />
-    Sí, tienes razón    tampoco hemos evolucionado mucho los españoles, dijo riendo el anciano.</p>
<p align="justify">“Un día  Paco había salido de madrugada, le esperaba un largo camino, así que  preparó sus mulas, cargó la mercancía y se dirigió hacia la ciudad.  Al pasar por el puente no pudo evitar encontrarse con la extraña figura  que le esperaba al final. Estaba amaneciendo pero las sombras todavía  dominaban el estrecho paso. A pesar de ello pudo distinguir que llevaba  una capa roja que ocultaba su cuerpo, una despeinada pelambrera rojiza  cubría su cabeza.</p>
<p>-    Paco tenemos una    deuda pendiente- la voz sonó ronca y distorsionada.<br />
-    Una deuda?, tartamudeo    el arriero<br />
-    Si, yo te di un    hijo y tu a mi no me has dado nada.<br />
-    ¿Quién eres?<br />
-    Tu lo sabes bien,    no quieras engañarte<br />
-    ¿El demonio?- la    cara de Paco estaba ahora blanca como la cal.<br />
-    Tu lo has dicho,    jajajajaj, ves como lo sabías. Te dí un niño sano y hermoso. Y tu    ¿qué me has dado a cambio?<br />
-    ¿Qué quieres mi…    mi alma?<br />
-    Tu alma la tendré    de todas formas, quiero algo más. Quiero a tu mujer.”</p>
<p align="justify">Eugenia miraba  atentamente al anciano, le había tomado un gran cariño, aunque se  cuidaba mucho de demostrárselo, sabía que aquel viejo cascarrabias  odiaba las carantoñas y cualquier gesto que pudiera parecer de lástima.  A veces sentía ganas de abrazarlo, de estrujar sus tristes huesos y  llorar sobre su hombro, hasta anegar su camisa en un mar de lágrimas  contenidas. Pero ni lo rozaba, ni un gesto de cariño, ni un beso de  adiós cuando se marchaba, solo una mirada cómplice y un hasta mañana  manido.</p>
<p align="justify">“El pobre  Paco estaba tan asustado que accedió a todas las pretensiones del extraño  personaje, no le importó sacrificar a su mujer, a fin de cuentas era  ella la que había tenido la idea de invocarlo. Así fue como se convirtió  en un cornudo consentido. Todos los viernes por la noche, el pretendido  demonio entraba en su casa y yacía con su mujer. Mientras el arriero  se comía las uñas en la cocina, meciendo con furia la cuna de su hermoso  vástago. Los inviernos se sucedieron y las primaveras volvían a traer  señales de embarazo. La matrona extrañamente feliz, engordaba y paría  hermosos niños, todos pelirrojos, que correteaban alegres por la casa.  El pobre Paco se iba encogiendo, llevaba una pesada carga, el secreto  de que aquellos niños, aparentemente dulces e inocentes, eran engendros  del mismísimo diablo”.</p>
<p align="justify">Genaro se detuvo,  bebió un poco de agua y pensó que él también había hecho un pacto  con el diablo, callaba a cambio de mantener su cómoda posición, para  no perder a Eugenia, no podía prescindir de sus cuidados, de aquella  mano áspera que a veces cogía la suya en un gesto que parecía descuidado  pero que estaba perfectamente estudiado, pensado hasta el mínimo detalle,  para que no revistiera ni un atisbo de compasión o lástima.</p>
<p>-    Y ¿cómo acabó    la historia?- los ojos, dos pozos negros, de la mujer se clavaron en    el alma de Genaro. Junto al derecho una flor morada volvía a delatar    su tragedia diaria.<br />
-    Ahora te cuento,    no seas impaciente mujer- contestó con aire de intriga.</p>
<p align="justify">“El arriero,  que soportaba su desgracia a base de vinos, pasaba gran parte de su  tiempo  en el bar del Tuerto. Un día, con más alcohol que sangre  en las venas, descargó su pesada carga con el tabernero. El Tuerto,  que no era precisamente un crédulo, hombre viajado y desengañado de  la vida,  se dio cuenta que había gato encerrado y sin decir nada  a Paco decidió investigar por su cuenta. El siguiente viernes esperó  apostado en el camino a que el supuesto demonio abandonara la casa del  arriero. Después lo siguió, envuelto en la negrura de la noche hasta  el pueblo vecino, viéndolo entrar en la herrería ya desprovisto de  su capa roja. Sus sospechas se habían confirmado.”</p>
<p>-     ¿Entonces no era    el diablo?, dijo Eugenia un tanto desencantada.<br />
-    No, no lo era, sólo    era un herrero pelirrojo- se rio Genaro<br />
-    Y que hizo el tabernero,    ¿lo contó todo?<br />
-    Hizo algo peor,    pero no te lo contaré hoy, tendrás que esperar a mañana.<br />
-    Pero mañana no    vendré, es fiesta, Año Nuevo, ¿no lo recuerda?</p>
<p align="justify">¿Por qué  no le contó el final?,  quizás porque le gustaba ver el brillo  que la expectación le daba a sus ojos. O simplemente porque no sabría  que hablar con ella cuando se acabara la narración, de nuevo volverían  los silencios. Así que la dejó que protestara, maldijera y se metiera  con todos sus antepasados por no acabar la dichosa historia.  No  le contó como el tabernero se aprovechó de la situación, chantajeando  a la pareja de adúlteros, cuando ya no pudo sacarles más fue difundiendo  la historia en su taberna, hasta que fue por todos conocida, convirtiendo  al pobre arriero en el hazmerreír del pueblo.</p>
<p align="justify">Llegó el año  nuevo, lleno de nuevas promesas que serán nuevamente incumplidas, Genaro  espera tras los cristales empañados del balcón. Son las diez y Eugenia  aún no ha llegado. Es lunes. Las once. El viejo mueve nerviosamente  la silla de ruedas. No sabe que hacer. El teléfono esta sobre la mesita.  Lo coge, marca el número ansioso, nadie contesta. Se asoma de nuevo  al balcón, unos finos copos de nieve ensucian el paisaje. De repente  el timbre, siempre llama antes de entrar. Pero hoy no entra. No es ella.  Genaro abre la puerta, se encuentra con la mirada esquiva de Elisa,  la trabajadora social. Eugenia está muerta, las palabras se derraman  por la estancia, llenan de polvo gris los muebles, un polvo que se desprende  y envuelve la habitación en una niebla espesa. Genaro ya no ve nada.</p>

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