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La difusión de la lectura debe empezar por uno mismo

 

A través de diversos estudios  académicos como Historia de la lectura en México coordinado por El Colegio de México, encuestas como la de CONACULTA o artículos sueltos de escritores tales como Gabriel Zaid, se puede llegar a la conclusión de que los esfuerzos para difundir la lectura en México han tenido un éxito relativo o efímero sin llegar a tener un impacto en la sociedad.

Hay que aceptar que México no es un país de lectores y trabajar en ello.

¿Habrá alguna persona, que no esté vinculada con los círculos literarios, que recuerde campañas de difusión a la lectura en la década de los setentas u ochentas? De las últimas que se han llevado a cabo, ¿a cuál será la de mayor impacto ante los niños y jóvenes al grado de que lo recuerden por mucho tiempo?

La gran mayoría de las campañas de difusión a la lectura se enfocan en la población más joven, desde niños hasta adolescentes, pero se olvidan de los adultos y todas las posibilidades que ellos tienen para influir en la lectura dentro de sus casas. Muchas personas son lectores tardíos, como yo.

El otro problema de esta clase de campañas es que por lo general lo realizan los institutos oficiales de cultura, lo que trae por naturaleza que sea efímero, que se organice por gente que no tenga experiencia y algunas veces raye en lo partidista. En los últimos años se han gestado campañas de organizaciones independientes, algunas contando con el apoyo de los mismos institutos quienes han cambiado un poco la dinámica de este ejercicio haciéndolo más creativo.

Creemos que esta clase de campañas solo deben ser originadas por los institutos de cultura, de esa manera relegamos las funciones de difusión, pero también las librerías deberían ser punta de lanza en este rubro. Solo Gandhi ha dado una muestra de originalidad en su marketing. Las bibliotecas son otro punto importante en el proceso de difundir la lectura, pero tanto las públicas como las privadas se mantienen ajenas al problema.

Pero no tan solo las librerías y bibliotecas deben trabajar en ello, sino también los ciudadanos que les interese el tema. Nos quejamos de que no hay campañas pero no proponemos ninguna. Nos enoja el hecho de que no haya librerías pero no intercambiamos libros. Nos sorprenden los bajos índices de lectura pero no hablamos de libros con los amigos o con la familia. Culpamos a todos menos a nosotros. La difusión de la lectura debe empezar por uno mismo.

Todas las campañas parten de la premisa de que leer es necesario, pero no nos enseñan a detectar esa necesidad. Lo creemos, no tenemos duda de ello, le damos un status al amigo lector, pero seguimos sin notar esa necesidad en nuestros trabajos, cuando salimos con los amigos, cuando estamos con nuestros hijos o cuando estamos solos. No sabemos explicar por qué necesitamos leer y ninguna campaña nos lo dice: por ahí podemos empezar, preguntándonos.

3 thoughts on “La difusión de la lectura debe empezar por uno mismo”

  1. stalin says:

    Tienes toda la razón, nos quejamos y no hacemos nada. Por lo tanto me gustaría recibir de tu parte cierta información, respecto de como crear un circulo de lectura para niños en mi biblioteca.
    No tengo ninguna experiencia en círculos de lectura para niños. Y me nació hace poco, crear este proyecto; de hecho estoy buscando información sobre el habito a la lectura, como desarrollar ciertas actitudes y habilidades de inteligencia , conocimiento y creatividad en los niños, por medio de la lectura.

    Me gustaría recibir tu apoyo.
    Mi nombre : stalin cordova
    MI correo: Cordova.stalin@gmail.com
    en facebooK, me puedes encontrar como stalin cordova

    saludos

  2. ADRIAN GUADARRAMA A says:

    Precisamente en algún numero de la revista Letras Libres, leí un ensayo de Gabriel Zaid en el que se evidencia, esa brutal carencia de la necesidad de la lectura y peor aún la incapacidad oficial por establecer o encontrar programas efectivos para fomentar es NECESIDAD, la pregunta fundamental hecha a un lector acerca de su afición es: ¿por qué lees?; en una encuesta personal entre familiares y amigos, he encontrado con sorpresa que las personas que conozco gozan de la lectura lo hacen por que desde niños “había libros en su casa” y no precisamente por que los padres hubiesen sido lectores asiduos sino por que, en la mayoría de estos casos, a los padres de estos lectores, les pareció importante contar con una pequeña biblioteca para adornar el mueble de la sala, esto les deba cierto nivel “social” de importancia, en otros casos resultó ser el encuentro fortuito entre un libro olvidado en el consultorio del médico o el dentista (o cualquier otro sitio como un taxi, una terminal de autobús, en la sección del libros de algún restaurante mientras se espera a alguien…) y ese lector en potencia, que al no encontrar algo en que distraerse de momento, ese libro fue la salvación de aburrimiento y o sorpresa, el encuentro de un gran amor hacia la lectura.
    El dicho popular afirma que la ocasión hace al ladrón y esta máxima, podría aplicarse al libro. Si los costos de producción fuesen favorables para la edición gratuita de libros y estos se “abandonaran” en lugares públicos, salones de clase, estaciones de tren o autobuses, puedo afirmar que cada libro “hurtado” será la ocasión de algún aburrido para escapar en una aventura literaria. Claro está ¿Qué hay de los nuevos títulos y las regalías? pienso que en esta parte, a un ladrón de historias le vendría bien un buen libro de dominio popular como una forma de acercarlo a los escritores mas recientes…por algún lado se debe empezar ¿no les parece?

  3. Marcela says:

    Es preciso volver sobre las preguntas…
    ¿Qué lecturas llevo conmigo?
    ¿Cuáles son esas las que me traen estas otras…?

    Cuando me siento conformado de historias, relatos, ficciones,bio-grafías es que puedo salir al encuentro de la “supuesta”carencia del otro, que no es más que una potencia sin animar.

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