Risas, burlas, chillidos, susurros por la monstruosa gárgola. La hipocresía me habla, la mentira se apodera de mí. Los castillos construidos con inmensos paisajes cubiertos por bosques y bañados por los rayos del sol se empiezan a quebrantar. Las pinturas y huellas del pecado empiezan a cobrar vida dentro de mí, dentro de mis arterias. Las paredes se incrustan, se entrelazan las unas con las otras. El olor putrefacto empieza a tornarse intolernte. El poro de la epidermis se cuaja. Herida maldita. Apariciones de fantasmas burlos de mi fragilidad.
Esencia decrépita de mi alma atormentada.












→ July 2, 2009 / por Carlos Humberto Quintero Ríos
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